Jornada «La lucidez del páramo: la vida intelectual en la Barcelona de la posguerra (1939-1960)
marzo 8, 2026

La Universitat Abat Oliba CEU acogió, el pasado 5 de marzo, una jornada organizada en colaboración con el Club Tocqueville y la Fundación Cultural Herrera Oria, centrada en La Lucidez del Páramo y en la figura de Josep Pla como testigo crítico del siglo XX. El acto contó con diversas ponencias, entre ellas, la de Rafiki Sánchez Sous, presidente de la Fundación Herrera Oria, y la de Valenti Puig,, escritor y uno de los mayores especialistas en la obra planiana.


Puig destacó que Pla ofreció una lectura lúcida y severa de una época marcada por vidas frustradas, totalitarismos y el derrumbe de la civilización europea. Subrayó también la importancia de Cataluña, y, especialmente, de Barcelona como base intelectual y editorial de su obra.


El periodista destacó la visión liberal‑conservadora de Pla, para quien la libertad era inseparable de la razón y de la propiedad, y defendía que “siempre hace falta una política de la civilización”. El escritor Catalán veía la historia como un proceso darwiniano en el que los hombres construyen mientras la historia destruye, y entendía la tensión entre naturaleza y memoria como el núcleo de la experiencia humana. En los años 50 publicó textos como Por qué soy conservador, donde afirmaba que “el hombre en estado natural no tiene memoria” y advertía contra las utopías que prometen destruir para volver a empezar.

La jornada repasó también los viajes de Pla, desde su fascinación por los barcos “porque no se hacía conversación” hasta su lectura del Corán en un camarote y su impresión de Jerusalén como “concentración de humanidad”. Puig recordó una de las observaciones más características de Pla: que viajar en un petrolero era lo más barato para recorrer el mundo, una forma de desplazarse sin artificios y sin ruido social. Esa mirada directa, sin adornos, es la que le permitió describir el parlamentarismo europeo, los totalitarismos que arrasaron Polonia y los países bálticos, y más tarde la “teoría de la jaula” que veía en el Muro de Berlín.


Puig finalmente evocó la lectura que Pla hizo de la Segunda República capaz de aciertos y errores y su convicción de que la primera finalidad del Estado es asegurar la vida de los ciudadanos. Además, recordó su análisis del siglo XX como “el siglo de la muerte”, iniciado con la guerra de 1914 y la destrucción del Imperio austrohúngaro.

El acto sirvió para confirmar que Pla, indiscreto pero no farsante, dejó una obra que sigue incomodando por su lucidez y por su defensa de la tradición como condición de una sociedad libre.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compartir