Contra el feminismo
Teresa Giménez Barbat
mayo 24, 2024

Ed. Pinolia, 352 pp. (2023)

La igualdad de derechos no es solo una aspiración del feminismo, sino una condición necesaria para la plena realización del proyecto democrático, y es algo que ya se consiguió hace décadas en todos los países libres. Por eso, en la introducción a su ensayo, Teresa Giménez Barbat dice con razón que declararse feminista es lo mismo que declararse demócrata. Sin embargo, desde los años sesenta hasta la actualidad, el movimiento feminista no ha hecho más que acrecentar sus demandas y de afirmar hasta la náusea que, en la lucha por los derechos de la mujer, aún queda mucho camino por recorrer. Esta situación paradójica ya fue prevista por Tocqueville en La democracia en América, donde advierte que el deseo de igualdad es más insaciable cuanto mayor es la igualdad, y en el presente eso se traduce en la reclamación de derechos que ya se poseen o en la invención de derechos que no son tales porque, concedidas ya todas las aspiraciones razonables, solo pueden exigirse delirios. Y en eso estamos.

No son pocos los ensayos aparecidos en los últimos años que se enfrentan a las pretensiones del feminismo contemporáneo. Todos aportan datos y razonamientos necesarios, todos han contribuido en alguna medida a deshacer los entuertos de las nuevas olas del feminismo y sus secuelas, pero Contra el feminismo, el nuevo libro de Teresa Giménez Barbat, es especialmente recomendable. Lo es porque su discurso se fundamenta en rigurosos estudios de la biología y la antropología evolutivas, de la neurofisiología, la psicología y la sociología, y con todo ello reúne una valiosa información que ofrece al lector las armas dialécticas imprescindibles para refutar uno por uno esos sinsentidos que nacieron de las universidades americanas y han acabado por definir la ortodoxia política en todo el mundo occidental. Contra el feminismo es un alegato en favor de la racionalidad, la libertad y la justicia. No se le escapa a Giménez Barbat que el transgenerismo, esa locura de masas que se ha acabado imponiendo por ley en casi todos las democracias occidentales, procede directamente del feminismo radical, y por ello es pertinente que le dedique en el libro un buen número de páginas, a pesar de que ahora las feministas sean sus principales detractoras: en su negación de los estereotipos de género, su reivindicación del género fluido y su odio a todo lo que etiquetaron como orden patriarcal, al feminismo le ha ocurrido como al aprendiz de brujo. Tampoco se le escapa a la autora que los fenómenos paranoicos que presiden muchas de las decisiones de gobiernos y legisladores tienen mucho que ver con los delirios sociogénicos que de vez en cuando asaltan a las sociedades desarrolladas, que estamos en definitiva ante una situación de creciente irracionalidad colectiva que ya ha causado numerosos desafueros. Desmontar todo esto no es tarea fácil. Giménez Barbat lo hace con elocuencia y amenidad. Hay que dar a Contra el feminismo la divulgación que merece. Ferran Toutain

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