Hacia el corazón de Europa
Josep M. Lloveras
mayo 24, 2024

Ed. RBA, 384 pp. (2023)

En este libro de memorias, Josep M Lloveras, economista, catalán y europeísta convencido, hace repaso a una vida fascinante que le ha llevado a ejercer como banquero en Barcelona, Londres, París y Nueva York, a trabajar como consultor en finanzas internacionales en Madrid, y a ser el embajador de la UE en la República Centroafricana y en Serbia.

El libro no está enfocado sólo en sus hazañas profesionales. Desde luego, quien busque entender el recorrido internacional de un profesional talentoso, serio y comprometido, lo encontrará. Y hallará también algunas claves para comprender el funcionamiento interno y las tensiones de instituciones internacionales y de equipos de trabajo interdisciplinares. Hacia el corazón de Europa también es una vigorosa reflexión sobre los retos actuales a los que se enfrenta Europa y qué cambios debería hacer para aprender de una vez el lenguaje del poder. Lloveras, un federalista europeo, aboga por seguir profundizando en la integración política abandonando, por ejemplo, la regla de la unanimidad en política exterior.

Como en cualquier relato honesto sobre la vida de uno mismo, también hay arrepentimientos (familiares e íntimos) y decepciones políticas. Josep M admite haber sido un nacionalista catalán en minúscula durante los años del pujolismo, pero confiesa su decepción con la deriva independentista, a la que se opuso públicamente cuando todavía conllevaba enormes costes sociales, especialmente en determinados entornos de la sociedad catalana. Hoy reniega de cualquier nacionalismo. En estas memorias aparecen personas e instituciones clave de la sociedad catalana de los últimos 50 años. Al leer el libro uno se pregunta cómo es posible que siendo Lloveras un profesional de extraordinaria solvencia y bagaje internacional, de sobras conocido entre los círculos de poder, nunca le fuera ofrecido un puesto de responsabilidad en la administración catalana. Quizás su independencia de criterio sea la respuesta. Ya se sabe que no es precisamente la virtud más apreciada por los dirigentes políticos de nuestro país. Núria González

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