La economía de las parábolas
Robert Sirico
mayo 24, 2024

Ed. Deusto, 216 pp. (2024)

En nuestros días cristianismo y liberalismo parece que se vuelven a dar la espalda, tanto por el lado eclesiástico como por el político. No es algo nuevo, y las suspicacias, cuando no las hostilidades, entre ambos mundos han provenido de filiaciones ideológicas y religiosas bien heterogéneas. Pero en cada época ha habido pastores e intelectuales que han tratado de conciliarlos desde el punto de vista teológico, económico y político. San Juan Pablo II en Centessimus Annus escribió páginas luminosas -y olvidadas- al respecto. Entre nosotros, al profesor Lucas Beltrán le gustaba identificarse como católico penitente y liberal impenitente. El padre Sirico es uno de los constructores de nuevos puentes entre cristianismo y liberalismo. Sacerdote católico en Míchigan, fue uno de los fundadores del Acton Institute, organización que defiende la libertad de mercado desde una perspectiva cristiana.

Con estas credenciales Sirico escribe un libro de carácter divulgativo que aporta una perspectiva original: indagar en las parábolas de los Evangelios cuál es la realidad social y económica, y cuáles los comportamientos humanos de los que parte Jesús para ofrecernos una lección de vida buena. Las parábolas están entre los pasajes del Evangelio más conocidos por personas de todos los tiempos por la sencillez de los ejemplos que toma de la realidad y por la claridad de sus mensajes morales. Sirico, sin olvidarse nunca del propósito principal de Jesús en cada parábola, se detiene en los hechos y actitudes morales de los protagonistas, que nos dan ciertas claves de comprensión de la vida social y económico en que vivió Jesús, pero también de todos los tiempos.

Así, es un samaritano particular, no el poder público, el que socorre al hombre apaleado en el camino; el éxito económico es efímero para el hombre rico que no se preocupó por el éxito moral, sin estar atento al vecino pobre Lázaro; el propietario de la viña que pagó igual a los vendimiadores que empezaron su trabajo más tarde cumplió el contrato con todos, reconociendo el valor subjetivo que aporta cada trabajador, y solo la envidia de los primeros les indispuso con él; los talentos recibidos por cada uno no son iguales y el señor se muestra severo con el siervo indolente e improductivo… Para el autor, Jesús no condena la ganancia, la riqueza, el sentido estratégico o el espíritu emprendedor en cuanto tales, sino ciertas formas de acercarse a esas realidades humanas que dejan de lado las virtudes con las que vivirlas. Josep Mª Castellà

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